miércoles, 23 de octubre de 2019

Descansa en paz...


Estábamos paseando por Goteburgo, recorríamos los alrededores de la urbanización donde reside mi hija. Unos minutos antes ella nos había asegurado alguna sorpresa en esta expedición y así se cumplió.

Bordeando un camino rodeado de hierba apareció una pared de piedra. Esta anunciaba una considerable antigüedad y unos metros más allá la sorpresa: una puerta metálica que nos invitaba a seguir un camino detrás de ella.

A veces abrir puertas nos juega malas pasadas pero esta vez fue lo contrario.

Cruzamos la puerta y seguimos en camino que tenia la hierba cortada. A unas decenas de metros apareció la sorpresa, un precioso cementerio se mostró ante nosotros.

La hierva que rodeaba las tumbas estaba cortada lo que daba una imagen de actualidad a ese camposanto. La pared que habíamos visto antes de entrar rodeaba aquel pequeño núcleo de tumbas. Una a una contemplamos las contemplamos, los nombres, los años e incluso el estilo y el estado.

Yo plasme fotográficamente esas imágenes verdes, estáticas y hermosas. Mi cabeza me repetía una y otra vez esos sentimientos encontrados que producen los cementerios. Ese profundo dolor, esa sensación de angustia y de impotencia cuando se produce el fallecimiento a un lado y esa imagen hermosa que nos produce el contemplar aquellos sitios.

Lo cierto es que allí se sentía una paz y tranquilidad increible, la paz que produce ver la naturaleza que nos integra a todos nosotros tarde o temprano porque al fin y al cabo somos parte de ella…

















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