jueves, 14 de noviembre de 2019

Días de vino y rosas


Solamente se oía el rumor del viento. Durante unos minutos confiasteis en mi, yo sabia que al meceros al ritmo del viento me invitabais a seguiros durante aquella preciosa mañana.

Aunque estuvo ligeramente nublado a primera hora poco a poco el sol fue avanzando entre las nubes que huían al empuje del viento.

Hay mañanas que solo con mirar al horizonte crees adivinar el color de los prados, son esas mañanas en las que el tiempo casi no avanza, haciéndote sentir que eres una parte de la naturaleza que desborda vida y hermosura. Esta era una de esas mañanas en las que al mirar por el visor de la cámara la vida te inunda de alegría y al mismo tiempo de tristeza. 

Son esas mañanas que Miguel Hernández sabía definir tan bien al ritmo de su vida, en su andalucía, y que han sido una constante de tantos poetas que han consagrado su vida y bienestar a la felicidad de todos esos lectores que nos enamoramos de sus palabras.

Y allí sentado entre cuatro piedras y en la mejor de las compañías entendí una vez más lo que significa la pasión por tu tierra, por tu idioma, por la amistad y el amor por esa persona tan especial que te acompaña sin dudarlo ni un solo instante, a través de tu vida. 

A veces pensamos que con el paso de la edad los sentimientos desaparecen, que son amortiguados por la experiencia y el pasado, No hay nada más equivocado.


Este es el resultado de una de esas mañanas en las que posaron para mi estas maravillas de la naturaleza. En algunas de las fotos contemplareis la complicidad que ellas me brindaron. Es la misma que os concederán a vosotros el dia que os tengan delante.



Días de vino y rosas.....


















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