lunes, 16 de marzo de 2026

Les dones de la Batalla de l’Ebre



Ayer tuve la oportunidad de asistir al estreno de Les dones de la Batalla de l’Ebre en la Sala B de Amposta. Sabiendo que en el proyecto estaban implicados nombres como Fuensanta López, Les Lorquianes y Arturo Gaya, ya intuía que sería una propuesta de gran calidad. Sin embargo, confieso que lo que encontré sobre el escenario superó con creces cualquier expectativa.

La sala estaba llena a rebosar y el público se mostró entregado desde el primer momento. Esa comunión entre escenario y espectadores, tan difícil de lograr, se hizo evidente a lo largo de toda la representación. La interpretación de actrices y músicos fue, sin duda, sobresaliente, construyendo un espectáculo que resultó al mismo tiempo emotivo, cercano y profundamente humano.

La propuesta combinaba música en directo y teatro en una fusión muy lograda, generando una atmósfera intensa, delicada y cargada de sensibilidad. Sobre el escenario, palabra, gesto y música se entrelazaban con naturalidad para dar voz a aquellas mujeres que, desde la sombra y la retaguardia, vivieron y sufrieron la Batalla del Ebro. Mujeres que sostuvieron la vida en medio de la incertidumbre, que cuidaron de sus familias, trabajaron la tierra y resistieron en silencio mientras el mundo que las rodeaba se desmoronaba.

El espectáculo no solo reconstruye un episodio histórico; también rescata una memoria que durante demasiado tiempo ha permanecido en un segundo plano. A través de relatos, canciones y escenas cargadas de emoción, la obra nos recuerda que la historia no solo se escribe en los frentes de batalla, sino también en los hogares, en los campos y en los pequeños gestos cotidianos de resistencia.

Desde aquí quiero expresar, una vez más, mi profunda admiración por el trabajo impecable de todas las personas que hicieron posible esta velada: la organización, el equipo técnico, la sala que acogió el evento y, por supuesto, los artistas que dieron vida a esta historia. Entre todos lograron construir un homenaje justo, necesario y profundamente conmovedor a aquellas mujeres que soportaron lo indecible con una mezcla de fortaleza, trabajo y silencio.

Recordarlas no es solo un acto de memoria, sino también un gesto de justicia hacia una generación que sostuvo la vida en uno de los momentos más difíciles de nuestra historia. Porque, aunque muchas veces no aparezcan en los libros, ellas también fueron protagonistas de aquel tiempo.

Interpretación: Olga Méndez, Anna Arques, Anna Oliveras, Aida Campos, Fuensanta López.

Voz en off: Pere Montañana

Música en directo: Arturo Gaya (guitarra i voz), Sergi Trenzano (Guitarra), Josep Vidal (piano)

Producción: Lafuensanta teatro & Lorquianas

Vestuario: Andrej Mikulasek i Marleny Mendía

Dirección: Fuensanta López

SALA B Teatre







































domingo, 8 de marzo de 2026

Un paseo por Elche

 


Aprovechando la escapada que realizamos hace unos días a Alicante, tuvimos también la oportunidad de acercarnos a Elche, una ciudad que no conocíamos y de la que habíamos oído hablar tantas veces por la singularidad de su paisaje.

El viaje tenía, como casi siempre, un doble objetivo: turístico y fotográfico. Y Elche no defraudó. Su Palmeral, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, constituye un paisaje cultural único, de enorme valor histórico y universal. Se trata del corazón de un antiguo sistema de regadío creado hace aproximadamente un milenio por los fundadores de la ciudad islámica de Elche, orientado originalmente a la horticultura intensiva.

Este paisaje de origen andalusí combina elementos tradicionales con adaptaciones contemporáneas. A lo largo del tiempo ha experimentado una evolución visible tanto en los usos del suelo —pasando de un sistema agrícola tradicional a un entorno cada vez más integrado en el espacio urbano— como en los propios cultivos, donde especies históricas conviven hoy con otras de introducción más reciente.

Con más de 200.000 palmeras, el Palmeral de Elche es el mayor de Europa. A simple vista puede parecer un bosque, pero en realidad se trata de una plantación agrícola organizada de forma muy precisa. Las parcelas, conocidas como huertos, están delimitadas por alineaciones de palmeras que, vistas desde el aire, dibujan una retícula geométrica muy característica. En el interior de estos huertos, los bancales se han dedicado tradicionalmente a cultivos agrícolas que aprovechaban la sombra y la regulación térmica que proporcionaban las palmeras.

Aunque la presencia de palmeras en el sur de Europa es muy antigua, anterior incluso a la ocupación humana, los cambios climáticos y las glaciaciones redujeron drásticamente su presencia. Solo sobrevivieron en zonas especialmente protegidas y templadas, como el entorno de Elche.

La gran expansión del palmeral se produjo entre los siglos VIII y IX, cuando los árabes fundaron la nueva ciudad en su emplazamiento actual y desarrollaron una extensa red de acequias y sistemas de riego, muchos de los cuales todavía siguen en funcionamiento. La conservación durante siglos de este sistema agrícola de tipo oasis fue uno de los aspectos que la UNESCO valoró para su declaración como Patrimonio de la Humanidad.

Hoy, el palmeral mantiene más una función paisajística, cultural y patrimonial que estrictamente agrícola, aunque sigue siendo uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad.