domingo, 8 de marzo de 2026

Un paseo por Elche

 


Aprovechando la escapada que realizamos hace unos días a Alicante, tuvimos también la oportunidad de acercarnos a Elche, una ciudad que no conocíamos y de la que habíamos oído hablar tantas veces por la singularidad de su paisaje.

El viaje tenía, como casi siempre, un doble objetivo: turístico y fotográfico. Y Elche no defraudó. Su Palmeral, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, constituye un paisaje cultural único, de enorme valor histórico y universal. Se trata del corazón de un antiguo sistema de regadío creado hace aproximadamente un milenio por los fundadores de la ciudad islámica de Elche, orientado originalmente a la horticultura intensiva.

Este paisaje de origen andalusí combina elementos tradicionales con adaptaciones contemporáneas. A lo largo del tiempo ha experimentado una evolución visible tanto en los usos del suelo —pasando de un sistema agrícola tradicional a un entorno cada vez más integrado en el espacio urbano— como en los propios cultivos, donde especies históricas conviven hoy con otras de introducción más reciente.

Con más de 200.000 palmeras, el Palmeral de Elche es el mayor de Europa. A simple vista puede parecer un bosque, pero en realidad se trata de una plantación agrícola organizada de forma muy precisa. Las parcelas, conocidas como huertos, están delimitadas por alineaciones de palmeras que, vistas desde el aire, dibujan una retícula geométrica muy característica. En el interior de estos huertos, los bancales se han dedicado tradicionalmente a cultivos agrícolas que aprovechaban la sombra y la regulación térmica que proporcionaban las palmeras.

Aunque la presencia de palmeras en el sur de Europa es muy antigua, anterior incluso a la ocupación humana, los cambios climáticos y las glaciaciones redujeron drásticamente su presencia. Solo sobrevivieron en zonas especialmente protegidas y templadas, como el entorno de Elche.

La gran expansión del palmeral se produjo entre los siglos VIII y IX, cuando los árabes fundaron la nueva ciudad en su emplazamiento actual y desarrollaron una extensa red de acequias y sistemas de riego, muchos de los cuales todavía siguen en funcionamiento. La conservación durante siglos de este sistema agrícola de tipo oasis fue uno de los aspectos que la UNESCO valoró para su declaración como Patrimonio de la Humanidad.

Hoy, el palmeral mantiene más una función paisajística, cultural y patrimonial que estrictamente agrícola, aunque sigue siendo uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad.












































lunes, 2 de marzo de 2026

Escapada por Alicante

 

En los últimos días hemos realizado una escapada a Alicante. Siendo febrero, partíamos con la incertidumbre propia de estas fechas, pero el tiempo nos regaló jornadas luminosas y templadas, casi primaverales, que hicieron aún más agradable la experiencia.

El viaje tenía un doble propósito: turístico y fotográfico —como no podía ser de otra manera— en una ciudad que hasta ahora solo conociamos de paso. Alicante me sorprendió por su ambiente abierto, por la vida que se respira en sus calles y por su privilegiada situación geográfica, abrazada por el mar y custodiada por la silueta imponente del castillo.

El primer día lo dedicamos a recorrer el casco antiguo, dejándonos llevar por sus callejuelas empinadas, fachadas coloridas y miradores que regalan vistas al Mediterráneo. Cada rincón parecía invitar a detenerse, a observar, a buscar ese encuadre donde la luz se filtra entre balcones y macetas.

Visitamos también el Museo Arqueológico de Alicante (MARQ), una parada que superó con creces nuestras expectativas. Su cuidada museografía, la claridad en la exposición y la riqueza de sus fondos convierten la visita en una experiencia didáctica y visualmente atractiva. Más allá del contenido histórico, el propio diseño del espacio ofrece múltiples posibilidades para el fotógrafo atento.

Aunque durante el resto de la jornada nos desplazamos en tranvía para optimizar el tiempo, aún hubo ocasión de realizar una breve pero intensa visita al puerto y al paseo marítimo. El contraste entre el azul del mar, la luz limpia del invierno y el movimiento pausado de la ciudad nos dejó imágenes que compartiré en una próxima entrada.

Hoy os invito a acompañarme en un recorrido por el casco antiguo de esta ciudad mediterránea que combina historia, luz y vida. Un paseo que, sin duda, merece ser vivido —y fotografiado— con calma.