domingo, 11 de octubre de 2026

El Noviciado de la Compañía de Santa Teresa de Jesús


El histórico Noviciado de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, conocida popularmente como las Teresianas, constituye uno de los espacios vinculados a la historia religiosa y educativa de Tortosa y al legado de su fundador, san Enrique de Ossó.

En 1897, bajo el generalato de Rosario Elías, se colocó la primera piedra del edificio destinado a albergar el noviciado de la congregación, que fue inaugurado en 1901. La construcción sustituyó a una edificación anterior, levantada en 1878 por iniciativa de Enrique de Ossó, con el propósito de dar respuesta a las necesidades de formación de las religiosas teresianas.

Durante muchos años, este recinto fue el único noviciado de la congregación, por lo que desempeñó un papel destacado en la formación espiritual de numerosas religiosas. En 1908 acogió también los restos de su fundador, estrechando aún más los vínculos del lugar con la memoria de Enrique de Ossó.

Con el paso del tiempo, el complejo fue adaptándose a nuevas necesidades y amplió sus funciones como casa de espiritualidad e internado, manteniendo su relación con la vida religiosa y educativa de la ciudad.

Hoy, el recinto forma parte del patrimonio histórico de Tortosa y conserva la memoria de una etapa en la que la ciudad tuvo un papel relevante en la expansión y consolidación de la Compañía de Santa Teresa de Jesús. Sus espacios y elementos arquitectónicos permiten acercarse a una historia marcada por la vocación educativa, la espiritualidad y la huella de una congregación que encontró en Tortosa uno de sus lugares fundamentales.











A Cel Obert: Sense filtres. Ens revelem.


El Festival de Intervenciones Efímeras A Cel Obert nació con la voluntad de acercar el patrimonio arquitectónico y cultural de Tortosa tanto a sus ciudadanos como a quienes visitan la ciudad. Durante unos días, espacios históricos que habitualmente tienen un uso cotidiano o que permanecen cerrados al público se transforman en escenarios para la creación contemporánea.

El festival propone así un interesante diálogo entre patrimonio, arquitectura y arte, invitando a profesionales del mundo del diseño, la arquitectura y las diferentes disciplinas artísticas a intervenir estos espacios con propuestas concebidas específicamente para cada lugar. Son instalaciones efímeras que, durante un breve periodo de tiempo, modifican la percepción de edificios y rincones de la ciudad y nos invitan a contemplarlos desde una mirada diferente.

Sense filtres. Ens revelem. es una creación colectiva que utiliza la fotografía y la cianotipia como herramientas de expresión artística y reflexión social. A través de la imagen, la obra nos invita a mirar de frente cuestiones como la discriminación, la identidad y la diversidad, reivindicando el derecho de cada persona a mostrarse tal como es, sin máscaras ni prejuicios.

Inspirándose en la naturaleza, sus autores encuentran en ella una poderosa metáfora de la diversidad humana. Ninguna hoja es idéntica a otra, ningún árbol crece de la misma manera y ningún paisaje repite exactamente sus formas. La diferencia no es una excepción ni una anomalía: es la esencia misma de la vida, aquello que la enriquece y la hace irrepetible.

Mediante la fusión de retratos y elementos naturales, las imágenes entrelazan identidades, experiencias y emociones. Los rostros se integran en formas orgánicas, se transforman y dialogan con la naturaleza, dando lugar a una propuesta visual que trasciende lo puramente estético. Revelarse significa aquí mostrarse sin filtros, compartir aquello que nos define y convertir las experiencias personales en una declaración colectiva frente a la discriminación y los estereotipos.

La cianotipia, con sus tonalidades azules y su particular manera de fijar la luz sobre el papel, aporta a la obra una dimensión poética y simbólica. Cada imagen se convierte en una huella, una presencia que reivindica el valor de lo singular y la necesidad de construir una sociedad donde nadie tenga que ocultar quién es para encontrar su lugar.

La naturaleza nos enseña que la diversidad no necesita justificarse: existe, florece y nos sostiene. Cada forma de vida ocupa su espacio y contribuye al equilibrio del conjunto.
















miércoles, 7 de octubre de 2026

¿Por qué adoro la fotografía?


Quizá porque una imagen puede hacer mucho más que detener un instante: puede condensar una mirada, una emoción, una historia y, a veces, conseguir que algo efímero termine trascendiendo la propia imagen.

Este fin de semana se ha celebrado en mi ciudad, Tortosa, un festival de intervenciones efímeras de arquitectura. Y precisamente lo efímero puede llegar a traspasar vidas, distancias e incluso fronteras.

Una de las fotografías que realicé durante el festival la compartí en mis redes sociales. Es la imagen que acompaña este texto. La autora de la intervención, Celia de la Fuente Cabranes, me pidió la fotografía y, encantado, se la envié.

Poco después recibí un mensaje suyo:

"Esta misma mañana, ya en Madrid, me he acordado de la foto porque, por casualidad, me ha parado en mi barrio una señora que había estado también en el festival y me ha reconocido. Me ha dicho que le habían hecho un fotón con las flores rojas. Entonces me la ha enseñado en Facebook y era tu foto. ¡Era la mujer del paraguas verde! Resulta que es la madre de uno de los arquitectos autores de la intervención de las mandarinas. Quería compartir esta historia contigo".

Su correo me emocionó.

Porque aquella fotografía había dejado de ser simplemente una imagen de unas flores rojas en Tortosa. Se había convertido en el punto de encuentro de varias historias: la mujer del paraguas verde, la obra de Celia, los arquitectos de otra intervención y una conversación casual en una calle de Madrid.

Y pensé, una vez más, en por qué adoro la fotografía.

Porque nunca sabemos hasta dónde puede llegar una imagen. Fotografiar es atrapar lo efímero antes de que desaparezca, pero algunas fotografías tienen la capacidad de hacer que aquello que debía durar un instante continúe viviendo en la memoria.

Aquel día fotografié unas flores. Sin saberlo, también estaba fotografiando una historia que todavía no había sucedido.