El Festival de Intervenciones Efímeras A Cel Obert nació con la voluntad de acercar el patrimonio arquitectónico y cultural de Tortosa tanto a sus ciudadanos como a quienes visitan la ciudad. Durante unos días, espacios históricos que habitualmente tienen un uso cotidiano o que permanecen cerrados al público se transforman en escenarios para la creación contemporánea.
El festival propone así un interesante diálogo entre patrimonio, arquitectura y arte, invitando a profesionales del mundo del diseño, la arquitectura y las diferentes disciplinas artísticas a intervenir estos espacios con propuestas concebidas específicamente para cada lugar. Son instalaciones efímeras que, durante un breve periodo de tiempo, modifican la percepción de edificios y rincones de la ciudad y nos invitan a contemplarlos desde una mirada diferente.
En esta edición, una de las intervenciones que pudimos visitar fue "Flores rojas", de Celia de la Fuente Cabranes, instalada en la Casa Bau, sede de la Demarcació de l’Ebre del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya (COAC).
La propuesta está formada por un conjunto de piezas escultóricas abstractas y efímeras, realizadas con voile rojo y alambre. Las formas evocan la esencia de una flor sin pretender reproducirla literalmente. Son flores imaginadas, ligeras y suspendidas, que parecen haber abandonado la tierra para ocupar el espacio y relacionarse con la arquitectura que las acoge.
La elección de los materiales resulta especialmente significativa. La ligereza de la tela, la espontaneidad de sus pliegues y la estructura casi invisible del alambre consiguen crear unas formas que parecen encontrarse en un estado de permanente movimiento. Suspendidas en el aire, las piezas adquieren una cierta sensación de ingravidez, como si flotaran en el interior del edificio.
El intenso color rojo introduce, además, un fuerte contraste con el espacio arquitectónico. Las flores no solo ocupan el lugar: lo transforman visualmente, aportando energía, vitalidad y una inesperada sensación de alegría. La intervención consigue así establecer un diálogo entre la delicadeza de las formas y la solidez de la arquitectura.
Quizá uno de los mayores atractivos de Flores rojas reside precisamente en su carácter efímero. Sabemos que estas formas permanecerán allí durante un tiempo limitado y que después desaparecerán, dejando de nuevo el espacio tal como lo encontramos. La obra existe durante unos días, pero la mirada que provoca puede permanecer mucho más tiempo.
Durante nuestra visita tuvimos además la oportunidad de contar con las explicaciones de Enric Roig, arquitecto y uno de los miembros del jurado de la muestra, que nos ayudó a comprender mejor la intervención y su relación con el espacio arquitectónico.
Una vez más, A Cel Obert demuestra cómo el arte puede conseguir que miremos nuestro patrimonio de otra manera. Una arquitectura que conocemos, que forma parte de nuestro paisaje cotidiano, se transforma durante unos días en algo nuevo: un lugar para la imaginación, para la sorpresa y para el encuentro entre lo antiguo y lo contemporáneo.
Y quizá ahí reside una de las grandes virtudes del festival: hacer que volvamos a mirar aquello que creíamos conocer.
























































