domingo, 24 de mayo de 2026

XIV Diada del Camp d'Aviació de la Sénia

 


La XIV Diada del Campo de Aviación de La Sénia ha vuelto a convertirse en un punto de encuentro imprescindible para los amantes de la historia, la aviación y el patrimonio histórico de nuestras tierras. Una jornada que, año tras año, consigue unir divulgación, memoria y pasión por uno de los episodios más intensos y decisivos de nuestro pasado reciente.

Campo de Aviación de La Sénia

Durante la Guerra Civil Española, el Gobierno de la II República, en su necesidad de defender el territorio frente al avance de las tropas sublevadas, impulsó la construcción de diversos aeródromos militares estratégicos en Cataluña. Entre ellos destacó el Campo de Aviación de La Sénia, concebido como una infraestructura clave dentro de la defensa republicana del arco mediterráneo.

Su ubicación respondía a una lógica estrictamente militar. Situado aproximadamente a medio camino entre Valencia y Barcelona —dos ciudades que permanecian bajo control republicano—, el aeródromo permitía intervenir con rapidez sobre zonas estratégicas como Mallorca o Zaragoza, ya en manos del ejército rebelde.

Las instalaciones llegaron a contar con tres pistas de aterrizaje: una principal y dos secundarias, orientadas a 360 grados para facilitar las maniobras según las condiciones meteorológicas. La elección del emplazamiento tampoco fue casual. Se buscó un terreno llano, de suelos compactos y resistentes, ideal para soportar el peso y la actividad constante de las aeronaves. Para ello, numerosos campos de olivos de la zona fueron incautados y transformados en infraestructura militar.

El complejo se articulaba alrededor de un edificio principal —la antigua Casa de Mando, todavía conservada hoy— junto con diversas construcciones auxiliares, algunas de ellas antiguas viviendas de campesinos que ocupaban aquellas tierras. El aeródromo disponía además de refugios antiaéreos, almacenes, espacios logísticos y toda la infraestructura necesaria para mantener la conexión con el puerto de Vinaròs y las carreteras cercanas, fundamentales para el transporte de combustible, armamento y suministros.

Uno de los grandes problemas del campo era el fuerte viento que azota habitualmente toda la zona. En determinados días, las rachas llegaban a ser tan intensas que los aviones debían permanecer atados al suelo mediante cuerdas para evitar desplazamientos o accidentes. En esas circunstancias, la actividad aérea quedaba prácticamente paralizada.

En abril de 1938, tras el avance de las tropas franquistas sobre el territorio, el aeródromo pasó a manos del ejército nacional y se convirtió en una importante base de operaciones de la Legión Cóndor alemana, permaneciendo activa hasta el final de la guerra.

Actualmente, el Campo de Aviación de La Sénia constituye un espacio parcialmente conservado dedicado a la recuperación de la memoria histórica y a la divulgación del patrimonio aeronáutico de la época. El antiguo edificio de mando alberga hoy un centro de interpretación que permite comprender la importancia estratégica y humana de este enclave durante el conflicto.

Especial relevancia merece el Centro de Aviación Histórica de La Sénia, considerado uno de los espacios museísticos aeronáuticos más singulares del territorio. En él se exhiben aviones históricos restaurados, motores, piezas originales y numerosos elementos vinculados a la aviación militar del siglo XX. La majestuosidad de algunas de estas aeronaves, unida al valor histórico que representan, convierte la visita en una experiencia profundamente impactante para cualquier aficionado a la historia o a la aviación.

La Diada no solo sirve para recordar el pasado, sino también para reivindicar la importancia de conservar espacios que forman parte de nuestra memoria colectiva. Lugares donde la historia todavía parece resonar entre el viento, el silencio y las antiguas pistas de aterrizaje.



































jueves, 21 de mayo de 2026

Salida fotográfica por la fachada fluvial del río Ebro

 



El pasado martes día 19, desde el Taller de Fotografía de la Biblioteca Marcel·lí Domingo realizamos una nueva salida fotográfica por la fachada fluvial del río Ebro a su paso por Tortosa, una actividad pensada para compartir miradas, aprender en grupo y descubrir, cámara en mano, algunos de los rincones más emblemáticos de la ciudad.

El recorrido comenzó en la Plaça d’Agustí Querol, popularmente conocida como Baratijas por el histórico comercio centenario situado en este espacio tan característico. Desde allí, los participantes cruzamos el Pont de l’Estat mientras el atardecer empezaba a transformar la luz sobre el río y las fachadas de la ciudad, ofreciendo una atmósfera especialmente atractiva para la práctica fotográfica.

La ruta continuó por el Passeig de l’Ebre, donde, como ya es tradición en las actividades del taller, se realizó la fotografía de grupo antes de iniciar el recorrido libre. A partir de ese momento, cada asistente buscó su propia manera de interpretar el paisaje urbano y fluvial: reflejos sobre el agua, juegos de luces y sombras, detalles arquitectónicos, escenas cotidianas y perspectivas diferentes de un entorno que siempre ofrece nuevas posibilidades creativas.

Más allá del aprendizaje técnico, la salida volvió a convertirse en un espacio de convivencia y de intercambio de experiencias entre aficionados a la fotografía, donde compartir inquietudes, consejos y formas de mirar resulta tan importante como la propia imagen capturada.

La jornada finalizó en la Plaça d’Espanya, donde los asistentes compartimos una cerveza o un refresco mientras manteniamos  una breve y distendida tertulia fotográfica sobre las imágenes realizadas durante la tarde, comentando encuadres, sensaciones y anécdotas surgidas a lo largo del recorrido.

Os dejo algunas imágenes de aquella jornada, testimonio de una tarde de fotografía, conversación y descubrimiento colectivo alrededor del río Ebro y de la ciudad de Tortosa.
















domingo, 10 de mayo de 2026

XXXI FIRA DE L’OLI DE LES TERRES DE L’EBRE

 

Este fin de semana se ha celebrado la XXXI Fira de l’Oli de les Terres de l’Ebre, una cita ya plenamente consolidada dentro del calendario cultural y gastronómico de nuestras tierras y que, año tras año, convierte a Jesús en punto de encuentro para productores, profesionales, visitantes y amantes de uno de los productos más emblemáticos de nuestra cultura mediterránea: el aceite de oliva.

La edición de este año ha vuelto a demostrar la enorme capacidad de evolución y adaptación del sector oleícola. Más allá de las actividades tradicionales a las que la feria nos tiene acostumbrados —catas, exposiciones, concursos, jornadas técnicas y muestras gastronómicas—, esta XXXI edición ha puesto especialmente de manifiesto el alto grado de especialización, innovación y optimización alcanzado en los procesos de elaboración del aceite de oliva. Un equilibrio admirable entre tradición y modernidad que permite mantener viva la esencia de un producto ligado profundamente a nuestra identidad.

La historia de Jesús y del aceite ha estado siempre estrechamente unida. Hacia mediados del siglo XIX, el principal cultivo de la zona era ya el olivo y, gracias a los importantes cambios tecnológicos que comenzaron a producirse alrededor de 1850, Jesús llegó a convertirse en una de las poblaciones con mayor actividad oleícola del territorio, llegando a contar con cerca de un centenar de molinos de aceite. Aquella intensa actividad económica y agrícola marcó profundamente el carácter y el desarrollo de la población.

Hoy en día, aunque el paisaje agrícola se ha diversificado con cultivos como los naranjos, algarrobos o almendros, el olivo continúa siendo uno de los grandes símbolos del territorio, no solo desde el punto de vista económico, sino también cultural y emocional. Cada cosecha, cada molino y cada botella de aceite siguen guardando parte de la memoria colectiva de nuestras tierras.

La Fira no solo sirve para poner en valor la calidad extraordinaria de nuestros aceites, sino también para reivindicar el esfuerzo de generaciones enteras de agricultores y productores que han sabido preservar este legado mientras afrontaban los retos de la modernidad.

Quiero expresar desde aquí mi más sincero reconocimiento a la organización de la Fira de Jesús, así como a todas las personas, entidades y voluntarios que hacen posible un acontecimiento de esta magnitud. Jesús demuestra, una vez más, que la cultura, la identidad, las tradiciones y el arraigo al territorio pueden mantenerse plenamente vivos gracias al esfuerzo colectivo, la implicación y la colaboración de toda una comunidad.

Porque detrás de cada feria, de cada parada y de cada botella de aceite, hay mucho más que un producto: hay historia, memoria y una forma de entender la vida.


Os dejo unas imagenes de ayer.