sábado, 6 de junio de 2026

Forcall y su Forno de la Vila

 

La historia de Forcall está estrechamente ligada al proceso de conquista y repoblación cristiana de las tierras valencianas durante el siglo XIII. Tras la conquista de la Valencia musulmana por parte de Jaime I, Morella recibió su Carta Puebla en el año 1233. Sin embargo, Forcall no obtendría la suya hasta 1246, cuando fue concedida a doce hombres cristianos, cabezas de familia, que se convertirían en los primeros pobladores oficiales del municipio y sentarían las bases de la comunidad que ha llegado hasta nuestros días.

La presencia previa de construcciones de origen musulmán facilitó los primeros asentamientos, aunque los nuevos pobladores cristianos levantaron progresivamente viviendas, infraestructuras y edificios propios que dieron forma al núcleo urbano primitivo. A partir de entonces, Forcall quedó vinculado administrativamente a Morella y, desde 1691, figuró como una de sus nueve aldeas, permaneciendo bajo la jurisdicción y gobierno de la villa morellana durante siglos.

Desde sus orígenes, la localidad desempeñó un importante papel estratégico. Su situación geográfica, en un territorio de frontera entre los antiguos reinos de Aragón, Valencia y Cataluña, la convirtió en un punto de paso y de control de especial relevancia. Además, el emplazamiento elegido para el asentamiento ofrecía unas excelentes condiciones defensivas, ya que el casco urbano quedaba protegido de forma natural por la confluencia de tres ríos y únicamente era accesible a través de un puente.

Durante los primeros años de vida de la población se construyeron los edificios esenciales para su desarrollo, entre ellos la iglesia parroquial, el horno comunal —documentado ya en 1275— y los primeros establecimientos comerciales y artesanales que impulsaron la economía local.

Actualmente, Forcall cuenta con un término municipal de aproximadamente 39 km² y una población que supera los 400 habitantes. Situado en la comarca de Els Ports, al noroeste de la provincia de Castellón y a unos 720 metros sobre el nivel del mar, el municipio se encuentra enclavado en un amplio valle rodeado por cuatro imponentes molas que conforman un paisaje de gran riqueza natural, geológica y faunística: la Mola Garumba o Roca del Migdia, la Mola de la Vila o de Sant Marc, la Mola d'En Camaràs o Roca Roja y la Mola de Roc o de Sant Pere.

El nombre de Forcall procede precisamente de la singular configuración geográfica de su entorno. Los ríos Caldés, Cantavieja y Morella confluyen en este punto formando una especie de horca o "forca", de donde deriva el topónimo de la población. De esta unión nace el río Bergantes, uno de los principales cursos fluviales de la comarca.

En la actualidad, Forcall dispone de una completa red de servicios que garantiza la calidad de vida de sus habitantes. En los últimos años el turismo de interior ha experimentado un importante crecimiento, convirtiéndose en un complemento fundamental para la economía local.

El Forn de la Vila ha desempeñado un papel fundamental en la historia y en la vida cotidiana de los habitantes de Forcall. Su origen se remonta a los primeros años de existencia de la población, cuando, tras la concesión de la Carta Puebla en 1246, el infante Pedro de Portugal, señor de Morella, otorgó a la nueva villa el derecho de construir y utilizar un horno comunal. Este privilegio permitía a todos los vecinos cocer el pan y otros alimentos, convirtiendo el horno en un servicio esencial para la comunidad.

Pocos años después, en 1275, los derechos de explotación y gestión del horno fueron concedidos a Arnau Cubells y Miquel por el representante real en Morella, consolidando así una institución que tendría una enorme importancia económica y social durante siglos.

Desde su construcción, el horno ha sido mucho más que una simple instalación destinada a la elaboración del pan. Durante generaciones constituyó uno de los principales puntos de encuentro de la población, un espacio donde coincidían vecinos y familias mientras esperaban la cocción de los alimentos, intercambiaban noticias o compartían experiencias de la vida diaria. En cierto modo, el Forn de la Vila formó parte del corazón social de Forcall.

Su actividad se mantuvo de forma continuada hasta tiempos relativamente recientes. Sin embargo, los cambios en los hábitos de vida y en los sistemas de producción alimentaria provocaron el cese de su uso cotidiano. En la actualidad, el horno se pone en funcionamiento de manera puntual, especialmente durante las fiestas patronales y en actividades culturales destinadas a mantener viva esta importante tradición.

El estado de conservación del conjunto es excelente. El horno principal mantiene intacta su estructura original y permite comprender perfectamente su funcionamiento. Consta de dos espacios diferenciados: la cámara de combustión, donde se generaba el fuego, y la cámara de cocción, destinada a hornear el pan. Ambas dependencias son independientes y únicamente están conectadas por el sistema de transmisión del calor, una solución técnica que garantizaba una cocción uniforme y eficiente.

Además, se conservan numerosas herramientas y utensilios tradicionales relacionados con la actividad panadera, lo que convierte el conjunto en un valioso testimonio de la arquitectura popular y de los antiguos oficios vinculados a la alimentación.

En el mismo edificio se encuentra un segundo horno, de boca única, que también estuvo al servicio de los vecinos de la localidad. Aunque actualmente permanece fuera de uso, constituye un interesante complemento histórico que permite comprender mejor la evolución de estas instalaciones comunales y la importancia que tuvieron en la vida de Forcall durante siglos.

Hoy, el Forn de la Vila sigue siendo uno de los elementos patrimoniales más emblemáticos de la población y un magnífico ejemplo de cómo la arquitectura tradicional puede conservar la memoria de una comunidad y de sus formas de vida.

Por cierto, quiero expresar mi agradecimiento a Amparo, informadora turística de Forcall, por su profesionalidad, su amabilidad y la pasión con la que comparte sus conocimientos.

Su excelente trato y sus detalladas explicaciones nos permitieron comprender mejor la historia y el funcionamiento de esta auténtica joya patrimonial. Gracias a su capacidad para transmitir el valor cultural del Forn de la Vila, la visita se convirtió en una experiencia mucho más enriquecedora y memorable.

Personas como ella contribuyen de manera decisiva a conservar, divulgar y poner en valor el patrimonio histórico de nuestros pueblos.


Muchas gracias, Amparo.



































miércoles, 3 de junio de 2026

ONA BLAVA

 



Esta semana he recibido una noticia que me ha llenado de alegría y gratitud. La revista digital de literatura Ona Blava, editada trimestralmente por la Associació Cultural Literària Badalona Escriu, ha publicado uno de mis relatos en su número 8.

Quienes conocen esta publicación saben del cuidado con el que se seleccionan sus contenidos y de la calidad literaria de los textos que reúne en cada edición. Por eso, para mí supone un auténtico honor y un privilegio haber sido invitado a formar parte de sus páginas y compartir espacio con autores y autoras de tanto talento.

La revista me presenta como “escritor novel”, una definición que, aunque agradezco profundamente, sigo sintiendo un poco grande para mí. Apenas cuento con un libro publicado, Tres días y una noche, y todavía me considero alguien que está aprendiendo, descubriendo y disfrutando de este maravilloso oficio de contar historias.

La escritura y la fotografía han sido siempre dos de mis grandes pasiones. Quienes seguís este blog, o mi espacio dedicado a los relatos, https://relatosdelrafa.blogspot.com/ sabéis que desde hace años intento cultivar ambas disciplinas con la misma ilusión con la que empecé. Son dos formas distintas de mirar el mundo: una a través de las palabras y otra a través de la luz. Dos caminos que, en el fondo, buscan lo mismo: emocionar, compartir y dejar constancia de aquello que nos conmueve.

Precisamente por eso, recibir este tipo de reconocimientos tiene para mí un valor especial. No tanto por la publicación en sí, sino porque supone una invitación a seguir escribiendo, a continuar aprendiendo y a perseverar en una afición que me acompaña desde hace muchos años.

Tengo además la enorme fortuna de contar entre mis amistades con personas a las que admiro profundamente, escritores y creadores que son para mí una fuente constante de inspiración. Personas que, con su trabajo y su compromiso con la cultura, me animan cada día a seguir avanzando.

Entre ellas quiero destacar especialmente a Francesc Cabiró, badalonés de nacimiento y tortosino de adopción, escritor, fotógrafo y, sobre todo, amigo. Ha sido él quien me ha tendido el puente hacia esta magnífica asociación cultural y quien ha hecho posible esta colaboración. Conozco pocas personas con una creatividad tan desbordante y una capacidad tan generosa para compartirla con los demás.

Gràcies, amic.

Os invito a descubrir esta nueva edición de Ona Blava y a disfrutar de los magníficos textos que contiene. Para mí es una satisfacción formar parte de ella y una motivación más para seguir escribiendo.

Podéis descargar la revista en el siguiente enlace:

https://drive.google.com/file/d/1gv9vkLxQnVEcVGqNqxye5ww0-ruSnelr/view









jueves, 28 de mayo de 2026

DESCOBRINT LA NATURA URBANA A TORTOSA

 

Con motivo de la Setmana de la Natura 2026, desde la Biblioteca de Tortosa organizamos hace unos días la ruta fotográfica “Descobrint la natura urbana a Tortosa”.

Como indica su nombre, aprovechamos un paseo por distintos espacios de la ciudad para observar y plasmar, a través de la fotografía, la naturaleza urbana que aparece constantemente a nuestro alrededor y que muchas veces pasa desapercibida en nuestro día a día.

Pero, ¿qué entendemos exactamente por naturaleza urbana?

La naturaleza urbana es el conjunto de elementos naturales que existen y conviven dentro de los espacios urbanos. Incluye tanto los espacios verdes creados por las personas como aquellos ecosistemas y formas de vida que sobreviven, se adaptan y crecen entre calles, edificios y plazas.

Esta naturaleza puede manifestarse de muchas maneras: parques y jardines, árboles alineados en avenidas, huertos urbanos, aves e insectos que habitan la ciudad, vegetación espontánea que brota entre las aceras o pequeños espacios naturales integrados en el entorno urbano.

Durante la ruta descubrimos cómo la ciudad y la naturaleza mantienen una relación mucho más estrecha de lo que a menudo imaginamos. Observamos cómo la vegetación suaviza el paisaje urbano, cómo la luz atraviesa los árboles en mitad de una calle o cómo determinadas especies encuentran refugio y vida entre el cemento y la arquitectura.

Más allá de su valor visual, la naturaleza urbana tiene también una enorme importancia social y ambiental. Contribuye a mejorar la calidad de vida, favorece la salud física y emocional, ayuda a reducir la contaminación y las altas temperaturas y fomenta ciudades más sostenibles, saludables y habitables.

Desde una mirada más poética, la naturaleza urbana representa también la capacidad de la vida para abrirse paso incluso en los lugares más inesperados: una planta creciendo en una grieta, el vuelo de un pájaro entre edificios o la presencia silenciosa de un árbol acompañando el ritmo cotidiano de la ciudad.

La fotografía nos permitió detenernos, observar y redescubrir estos pequeños detalles que forman parte de nuestro entorno y que, muchas veces, solo aparecen cuando aprendemos a mirar con calma.