sábado, 17 de octubre de 2026

La imatge sota la superfície


Jep Colomé · Museu de l’Ebre, Tortosa

La imatge sota la superfície es una exposición del fotógrafo tortosino Jep Colomé que nos invita a detener el tiempo, ralentizar la mirada y adentrarnos en una manera diferente de contemplar la naturaleza. La muestra, que puede visitarse en el Museu de l'Ebre, en Tortosa, nos propone un ejercicio de descubrimiento visual en el que aquello que parece cotidiano se transforma en una experiencia llena de matices, texturas y significados.

El proyecto nace de la observación de los nenúfares y de la fascinación que despiertan los colores, las formas y los detalles que emergen sobre la superficie del agua. A través de la cámara, Jep Colomé explora este universo sutil y cambiante, donde la luz, los reflejos y las formas vegetales se confunden y dialogan. Las imágenes nos sitúan ante una realidad que va más allá de lo que percibimos a primera vista, como si bajo aquella superficie tranquila se escondiera un mundo que solo se deja descubrir cuando aprendemos a mirar sin prisas.

La exposición está formada por 17 fotografías de gran y mediano formato, articuladas en torno a dos haikus del siglo XVIII. Cada imagen corresponde a una sílaba, de modo que el conjunto se convierte en una especie de poema visual en el que fotografía y poesía comparten un mismo lenguaje: el de la síntesis, el silencio y la capacidad de sugerir mucho más de lo que muestran.

Esta relación entre imagen y palabra establece un ritmo propio. Cada fotografía puede entenderse como una pausa, un instante suspendido que invita al espectador a observar, interpretar y dejarse llevar por las sensaciones que despierta. Como en los haikus, no hacen falta grandes discursos para transmitir una emoción. A veces, basta un detalle, una forma o una sutil variación de la luz para abrir todo un universo de significados.

Las fotografías de Colomé revelan texturas, formas y tensiones visuales que a menudo pasan inadvertidas en una mirada rápida. Los reflejos del agua, los contornos de los nenúfares y las variaciones cromáticas construyen composiciones que oscilan entre la abstracción y la representación de la naturaleza. Aquello que inicialmente reconocemos se transforma progresivamente en una experiencia visual más abierta, en la que cada espectador puede encontrar sus propias interpretaciones.

El tratamiento de la imagen es sutil y delicado. Las texturas, el grano y los acabados contribuyen a crear una atmósfera particular, sin imponerse sobre la esencia de lo fotografiado. La intervención técnica acompaña la mirada del autor y refuerza el carácter evocador de las imágenes, preservando su naturalidad y su fuerza expresiva.

La imatge sota la superficie es, en definitiva, una invitación a la contemplación. En un mundo acostumbrado a la inmediatez y a la sucesión constante de imágenes, Jep Colomé nos propone hacer una pausa y recuperar el placer de observar. Nos recuerda que la fotografía no consiste únicamente en capturar aquello que tenemos ante los ojos, sino también en descubrir lo que a menudo nos pasa inadvertido.

Bajo la superficie del agua, en las formas de los nenúfares y en los juegos de luz y color, existe una realidad que se revela poco a poco, sin prisas ni estridencias. Una realidad que nos habla de la belleza de los pequeños detalles y de la necesidad de mirar el mundo con mayor atención y sensibilidad.


















domingo, 11 de octubre de 2026

El Noviciado de la Compañía de Santa Teresa de Jesús


El histórico Noviciado de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, conocida popularmente como las Teresianas, constituye uno de los espacios vinculados a la historia religiosa y educativa de Tortosa y al legado de su fundador, san Enrique de Ossó.

En 1897, bajo el generalato de Rosario Elías, se colocó la primera piedra del edificio destinado a albergar el noviciado de la congregación, que fue inaugurado en 1901. La construcción sustituyó a una edificación anterior, levantada en 1878 por iniciativa de Enrique de Ossó, con el propósito de dar respuesta a las necesidades de formación de las religiosas teresianas.

Durante muchos años, este recinto fue el único noviciado de la congregación, por lo que desempeñó un papel destacado en la formación espiritual de numerosas religiosas. En 1908 acogió también los restos de su fundador, estrechando aún más los vínculos del lugar con la memoria de Enrique de Ossó.

Con el paso del tiempo, el complejo fue adaptándose a nuevas necesidades y amplió sus funciones como casa de espiritualidad e internado, manteniendo su relación con la vida religiosa y educativa de la ciudad.

Hoy, el recinto forma parte del patrimonio histórico de Tortosa y conserva la memoria de una etapa en la que la ciudad tuvo un papel relevante en la expansión y consolidación de la Compañía de Santa Teresa de Jesús. Sus espacios y elementos arquitectónicos permiten acercarse a una historia marcada por la vocación educativa, la espiritualidad y la huella de una congregación que encontró en Tortosa uno de sus lugares fundamentales.











A Cel Obert: Sense filtres. Ens revelem.


El Festival de Intervenciones Efímeras A Cel Obert nació con la voluntad de acercar el patrimonio arquitectónico y cultural de Tortosa tanto a sus ciudadanos como a quienes visitan la ciudad. Durante unos días, espacios históricos que habitualmente tienen un uso cotidiano o que permanecen cerrados al público se transforman en escenarios para la creación contemporánea.

El festival propone así un interesante diálogo entre patrimonio, arquitectura y arte, invitando a profesionales del mundo del diseño, la arquitectura y las diferentes disciplinas artísticas a intervenir estos espacios con propuestas concebidas específicamente para cada lugar. Son instalaciones efímeras que, durante un breve periodo de tiempo, modifican la percepción de edificios y rincones de la ciudad y nos invitan a contemplarlos desde una mirada diferente.

Sense filtres. Ens revelem. es una creación colectiva que utiliza la fotografía y la cianotipia como herramientas de expresión artística y reflexión social. A través de la imagen, la obra nos invita a mirar de frente cuestiones como la discriminación, la identidad y la diversidad, reivindicando el derecho de cada persona a mostrarse tal como es, sin máscaras ni prejuicios.

Inspirándose en la naturaleza, sus autores encuentran en ella una poderosa metáfora de la diversidad humana. Ninguna hoja es idéntica a otra, ningún árbol crece de la misma manera y ningún paisaje repite exactamente sus formas. La diferencia no es una excepción ni una anomalía: es la esencia misma de la vida, aquello que la enriquece y la hace irrepetible.

Mediante la fusión de retratos y elementos naturales, las imágenes entrelazan identidades, experiencias y emociones. Los rostros se integran en formas orgánicas, se transforman y dialogan con la naturaleza, dando lugar a una propuesta visual que trasciende lo puramente estético. Revelarse significa aquí mostrarse sin filtros, compartir aquello que nos define y convertir las experiencias personales en una declaración colectiva frente a la discriminación y los estereotipos.

La cianotipia, con sus tonalidades azules y su particular manera de fijar la luz sobre el papel, aporta a la obra una dimensión poética y simbólica. Cada imagen se convierte en una huella, una presencia que reivindica el valor de lo singular y la necesidad de construir una sociedad donde nadie tenga que ocultar quién es para encontrar su lugar.

La naturaleza nos enseña que la diversidad no necesita justificarse: existe, florece y nos sostiene. Cada forma de vida ocupa su espacio y contribuye al equilibrio del conjunto.
















miércoles, 7 de octubre de 2026

¿Por qué adoro la fotografía?


Quizá porque una imagen puede hacer mucho más que detener un instante: puede condensar una mirada, una emoción, una historia y, a veces, conseguir que algo efímero termine trascendiendo la propia imagen.

Este fin de semana se ha celebrado en mi ciudad, Tortosa, un festival de intervenciones efímeras de arquitectura. Y precisamente lo efímero puede llegar a traspasar vidas, distancias e incluso fronteras.

Una de las fotografías que realicé durante el festival la compartí en mis redes sociales. Es la imagen que acompaña este texto. La autora de la intervención, Celia de la Fuente Cabranes, me pidió la fotografía y, encantado, se la envié.

Poco después recibí un mensaje suyo:

"Esta misma mañana, ya en Madrid, me he acordado de la foto porque, por casualidad, me ha parado en mi barrio una señora que había estado también en el festival y me ha reconocido. Me ha dicho que le habían hecho un fotón con las flores rojas. Entonces me la ha enseñado en Facebook y era tu foto. ¡Era la mujer del paraguas verde! Resulta que es la madre de uno de los arquitectos autores de la intervención de las mandarinas. Quería compartir esta historia contigo".

Su correo me emocionó.

Porque aquella fotografía había dejado de ser simplemente una imagen de unas flores rojas en Tortosa. Se había convertido en el punto de encuentro de varias historias: la mujer del paraguas verde, la obra de Celia, los arquitectos de otra intervención y una conversación casual en una calle de Madrid.

Y pensé, una vez más, en por qué adoro la fotografía.

Porque nunca sabemos hasta dónde puede llegar una imagen. Fotografiar es atrapar lo efímero antes de que desaparezca, pero algunas fotografías tienen la capacidad de hacer que aquello que debía durar un instante continúe viviendo en la memoria.

Aquel día fotografié unas flores. Sin saberlo, también estaba fotografiando una historia que todavía no había sucedido. 





lunes, 5 de octubre de 2026

A Cel Obert: Artèria

 

Artèria, de Marta Chavarria Miró

El Festival d’Intervencions Efímeres A Cel Obert té com a objectiu fomentar l’interès dels ciutadans i dels visitants pel patrimoni arquitectònic i cultural de Tortosa. Durant uns dies, espais històrics i racons singulars de la ciutat es transformen en escenaris de creació contemporània, acollint intervencions concebudes específicament per professionals del món de l’art, el disseny i l’arquitectura.

El festival proposa així un diàleg entre l’espai, la memòria i la creació artística, fent que llocs que sovint formen part del paisatge quotidià de la ciutat siguin percebuts des d’una nova perspectiva. Les intervencions són efímeres, però durant el temps que romanen instal·lades aconsegueixen modificar la manera com recorrem, observem i experimentem aquests espais.

En aquesta edició, el Passatge Franquet acull Artèria, una proposta de Marta Chavarria Miró que parteix d’una idea senzilla però potent: convertir un espai de pas en un organisme viu.

Habitualment, un passatge és un lloc de transició. Un espai que connecta dos punts i que travessem gairebé sense aturar-nos, amb la mirada posada en el lloc on volem arribar. Artèria proposa canviar aquesta percepció i convertir el passatge en una autèntica artèria urbana, un conducte pel qual circula la vida de la ciutat.

La metàfora del cos humà es trasllada així a l’arquitectura. Igual que una artèria permet que la sang circuli i arribi a diferents parts del nostre organisme, el passatge permet el moviment de les persones i connecta espais que formen part del teixit urbà.

En aquesta proposta, però, el més interessant és que el vianant deixa de ser un simple usuari de l’espai i es converteix en part de la pròpia instal·lació. Cada persona que travessa el passatge activa, d’alguna manera, aquest organisme imaginari. Els seus moviments formen part del flux que recorre l’artèria i dona sentit a l’obra.

El trajecte deixa així de ser únicament un desplaçament entre un punt d’origen i un punt de destinació. Caminar es converteix en una experiència, i el recorregut, en una manera de relacionar-se amb l’espai.

Artèria ens convida a mirar els espais de pas d’una altra manera. Allò que habitualment considerem un lloc secundari, simplement funcional, es transforma en un espai protagonista, capaç de generar sensacions i d’establir una relació diferent amb les persones que el recorren.

La proposta posa també en valor una idea molt vinculada a l’essència d’A Cel Obert: l’arquitectura no és només allò que contemplem, sinó també allò que vivim i recorrem.

Durant uns dies, el Passatge Franquet deixa de ser només un lloc per anar d’un punt a un altre i es converteix en una artèria simbòlica de Tortosa. Un espai on cada pas, cada moviment i cada persona formen part d’un mateix flux.

La ciutat també té venes, artèries i batecs. I nosaltres, quan la recorrem, en som la circulació.









A Cel Obert: Horitzons subjetius

 

Horitzons subjectius, de Sílvia Isach Saumell

El Festival d’Intervencions Efímeres A Cel Obert té com a objectiu fomentar l’interès dels ciutadans i dels visitants pel patrimoni arquitectònic i cultural de Tortosa. Durant uns dies, espais històrics de la ciutat es transformen en escenaris per a la creació contemporània, acollint intervencions concebudes expressament per professionals del món de l’art, el disseny i l’arquitectura.

Aquest diàleg entre patrimoni i creació artística permet descobrir espais que formen part de la memòria de la ciutat des d’una perspectiva diferent. Les intervencions, pel seu propi caràcter efímer, modifiquen temporalment aquests indrets i ens conviden a mirar-los amb uns altres ulls.

En aquesta edició, l’antiga capella del Convent de les Serventes de Jesús acull Horitzons subjectius, una instal·lació de Sílvia Isach Saumell que reflexiona sobre la percepció, la natura i les diferents maneres que tenim d’interpretar el món que ens envolta.

L’obra es planteja com una instal·lació lumínica en què el paisatge es converteix en una metàfora de la percepció humana. En la foscor de l’espai, uns arbres dibuixats amb llum apareixen davant nostre i van transformant-se a mesura que canviem de posició.

No hi ha, per tant, una única imatge ni una única manera de contemplar l’obra. El que veiem depèn del lloc des d’on observem, del nostre moviment i de la nostra pròpia mirada. La mateixa realitat pot mostrar-se de maneres diferents segons qui la contempla i des d’on ho fa.

Els arbres, aparentment immòbils, es converteixen així en una representació d’una natura canviant i subjectiva. La llum, en lloc de limitar-se a il·luminar l’espai, es converteix en l’eina que construeix i modifica la nostra percepció.

Horitzons subjectius ens recorda que la realitat no és necessàriament una imatge fixa, sinó una experiència que es transforma segons la nostra mirada. Cada espectador aporta a allò que observa el seu propi bagatge, les seves experiències i també els seus condicionants. Allò que per a una persona és evident, per a una altra pot adquirir un significat completament diferent.

En aquest sentit, la proposta reivindica la diversitat de punts de vista i ens convida a qüestionar la nostra manera habitual de mirar. L’obra planteja una invitació a observar amb més calma, amb més consciència i, sobretot, amb més respecte envers les diferents formes d’entendre i interpretar el món.

I és precisament aquí on la instal·lació troba una de les seves reflexions més interessants: mirar també és interpretar.

En un festival dedicat a intervenir espais patrimonials, aquesta obra estableix, a més, un diàleg molt particular amb l’antiga capella. La llum, la foscor, l’arquitectura i les formes vegetals creen una atmosfera que transforma temporalment l’espai i en modifica la percepció.

Una intervenció que ens convida a aturar-nos, canviar de lloc i tornar a mirar.

Perquè de vegades no cal canviar allò que tenim davant dels ulls; només cal canviar el lloc des d’on ho contemplem.











A Cel Obert: Tempus fujit

 

Tempus fujit de Personas atendidas de la Fundación Mercè Pla

Patio del Convento de las Siervas de Jesús

En el patio del antiguo Convento de las Siervas de Jesús, una intervención delicada y cargada de simbolismo transforma el espacio a través de la presencia de las amapolas.

Frágiles como el papel, las amapolas cubren el patio de rojo y nos recuerdan que la belleza más intensa suele ser también la más fugaz. Su presencia, aparentemente sencilla, introduce una imagen poderosa: flores que nacen, alcanzan su plenitud y desaparecen en poco tiempo, como tantos momentos de nuestra vida que no podemos detener ni conservar.

Las amapolas evocan así la memoria y el paso del tiempo, pero también la capacidad de la naturaleza para renacer. Primavera tras primavera, vuelven a aparecer, siguiendo un ciclo que habla de continuidad, transformación y esperanza.

En este espacio, las flores adquieren una nueva dimensión. Ya no son únicamente un elemento de la naturaleza, sino una metáfora de nuestra propia existencia: lo frágil, lo pasajero y aquello que, aunque sabemos que no podremos retener, merece ser contemplado y recordado.

El rojo de las amapolas contrasta con la arquitectura del convento y llena el patio de vida, convirtiendo un espacio marcado por la historia en un escenario para hablar del presente y del futuro.

Una intervención que nos recuerda que lo efímero no tiene por qué significar pérdida. A veces, precisamente porque sabemos que algo durará poco, aprendemos a mirarlo con mayor intensidad.

Las amapolas florecen, desaparecen y vuelven a florecer. Y en ese ciclo sencillo de la naturaleza encontramos una de las formas más hermosas de la esperanza.









A Cel Obert: Notas

 

Notas de Missmsmith

El Festival d’Intervencions Efímeres A Cel Obert té com a objectiu fomentar l’interès dels ciutadans i dels visitants pel patrimoni arquitectònic i cultural de Tortosa. Durant uns dies, espais històrics de la ciutat es transformen en escenaris de creació contemporània, acollint intervencions concebudes per professionals del món de l’art, el disseny i l’arquitectura.

En aquesta edició, el pati del Palau Despuig, actualment vinculat al Conservatori de Música, acull Notes de Missmsmith, una proposta que estableix un diàleg poètic entre la música i la botànica, dues disciplines aparentment allunyades però que comparteixen, en el fons, una mateixa estructura basada en l’harmonia, la proporció, el ritme i els cicles del temps.

La instal·lació parteix precisament d’aquesta connexió invisible. La música neix de la combinació ordenada dels sons, dels silencis, dels ritmes i de les proporcions; la natura, per la seva banda, segueix els seus propis patrons de creixement, transformació i renovació. Totes dues comparteixen una idea essencial: la vida i la creació es construeixen a partir d’un ordre que sovint no veiem, però que podem percebre.

El pati es converteix així en l’escenari perfecte per representar aquest encontre. Enmig de l’arquitectura de pedra, una composició vegetal emergeix del centre del claustre com si es tractés d’un organisme que acaba de néixer. És una floració creativa, una irrupció de vida que trenca la quietud i la solidesa del paviment.

La planta que creix busca la llum de la mateixa manera que una idea musical busca una via per manifestar-se. El brot i la melodia comparteixen un mateix impuls: néixer, créixer i obrir-se camí. La planta trenca la immobilitat de la pedra; la música trenca el silenci.

La proposta estableix així una metàfora especialment suggeridora: el naixement d’una planta i el naixement d’una composició musical com dues formes de creació. Una es manifesta a través de la matèria i l’altra a través del so, però totes dues necessiten temps, estructura i un espai on poder desenvolupar-se.

Un dels elements més significatius de la instal·lació apareix als mateixos pètals de les flors. D’ells semblen sorgir partitures, convertint la flor en una font de música i establint una connexió visual entre el món vegetal i el llenguatge musical.

Aquestes partitures són també un homenatge a dues figures estretament vinculades a aquest espai: d’una banda, Rossend Aymí, compositor, professor, organista i director de cors, que va contribuir a fer créixer la passió per la música al conservatori; de l’altra, Josep Ollé, compositor les obres del qual continuen florint i ressonant a través de les mans dels músics que les interpreten.

La metàfora de les flors cobra aquí tot el seu sentit. Igual que una planta pot desaparèixer però deixar llavors capaces de tornar a germinar, la música també perdura més enllà del moment en què és interpretada. Una obra musical pot continuar viva en la memòria, en les partitures i, sobretot, en les persones que la tornen a interpretar.

Notes de Missmsmith és, per tant, una intervenció que parla de creació, memòria i continuïtat. De com les idees, com les plantes, necessiten trobar un espai per créixer; i de com la cultura és capaç de mantenir vives les creacions del passat perquè puguin tornar a florir en el present.

Durant uns dies, el pati del Palau Despuig es converteix en un jardí impossible on les flors tenen música, les partitures floreixen i l’arquitectura es transforma en escenari d’un diàleg entre natura i art.

Una instal·lació efímera que ens recorda que, tant en la natura com en la música, tot allò que és capaç de créixer necessita temps, harmonia i un lloc on poder florir.