lunes, 2 de marzo de 2026

Escapada por Alicante

 

En los últimos días hemos realizado una escapada a Alicante. Siendo febrero, partíamos con la incertidumbre propia de estas fechas, pero el tiempo nos regaló jornadas luminosas y templadas, casi primaverales, que hicieron aún más agradable la experiencia.

El viaje tenía un doble propósito: turístico y fotográfico —como no podía ser de otra manera— en una ciudad que hasta ahora solo conociamos de paso. Alicante me sorprendió por su ambiente abierto, por la vida que se respira en sus calles y por su privilegiada situación geográfica, abrazada por el mar y custodiada por la silueta imponente del castillo.

El primer día lo dedicamos a recorrer el casco antiguo, dejándonos llevar por sus callejuelas empinadas, fachadas coloridas y miradores que regalan vistas al Mediterráneo. Cada rincón parecía invitar a detenerse, a observar, a buscar ese encuadre donde la luz se filtra entre balcones y macetas.

Visitamos también el Museo Arqueológico de Alicante (MARQ), una parada que superó con creces nuestras expectativas. Su cuidada museografía, la claridad en la exposición y la riqueza de sus fondos convierten la visita en una experiencia didáctica y visualmente atractiva. Más allá del contenido histórico, el propio diseño del espacio ofrece múltiples posibilidades para el fotógrafo atento.

Aunque durante el resto de la jornada nos desplazamos en tranvía para optimizar el tiempo, aún hubo ocasión de realizar una breve pero intensa visita al puerto y al paseo marítimo. El contraste entre el azul del mar, la luz limpia del invierno y el movimiento pausado de la ciudad nos dejó imágenes que compartiré en una próxima entrada.

Hoy os invito a acompañarme en un recorrido por el casco antiguo de esta ciudad mediterránea que combina historia, luz y vida. Un paseo que, sin duda, merece ser vivido —y fotografiado— con calma.