martes, 11 de agosto de 2020

Esos valles...


No hay valles sin montañas ni belleza sin naturaleza.

A veces un paisaje basta para producir ensoñaciones, para dejar volar esa imaginación que todos llevamos dentro y que solo asoma en momentos muy puntuales.

Y es que la imaginación es una de nuestras mayores virtudes, y aunque muchas personas estén convencidas de que les falta una chispa momentánea los inunda de ella.

Yo en aquellos valles estaba preso de ella, bendita prisión, imagine una y cien veces cómo sería una vida en aquellos parajes, una vida en total contacto con esa naturaleza que me acomplejaba por su infinita belleza.

Minutos después volvía a despertar pendiente de mi vida, consciente de las ventajas y obligaciones y dándome cuenta de que cada vez más hay menos de lo primero y más de lo segundo.

Estos valles y montañas fueron una explosión de belleza y sensibilidad que me hicieron apreciar, aún más si fuera posible, la suerte de tener todos esos parajes casi en nuestra puerta.






















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