miércoles, 21 de julio de 2021

Real Monasterio de Santa María de Veruela

 

En las faldas de la mítica mole del Moncayo se construyó en el siglo XII el primer monasterio cisterciense de Aragón. Su llegada enriqueció la zona con nuevos valores espirituales y culturales, pero también económicos y políticos. 

En 1141, Pedro de Atarés y su madre donaron los valles de Veruela y Maderuela, en torno al río Huecha y a escasos kilómetros al noroeste de Borja, a los monjes franceses de la Abadía de Escaladieu, para que fundasen un monasterio bajo la advocación de la Virgen María. 

Sin embargo, la orden del Císter no dio el permiso para que se procediera a la fundación hasta 1146, siendo por consiguiente el monasterio cisterciense más antiguo de Aragón. La donación fue confirmada en 1155 por Ramón Berenguer IV.

Todo el recinto está protegido por una muralla de poco más de un kilómetro dejando dentro todo lo que necesitaban los monjes: el agua, el molino y el huerto.

Sus monjes, expertos en ordenar los recursos del agua y con el río tan próximo, fueron creando una amplia red de acequias, presas y molinos.

Después de acceder por la puerta principal encontramos un paseo con árboles que desemboca en la puerta de la iglesia. Una construcción sobria, pero de proporciones catedralicias que tardó en ser construida 250 años. Después encontramos el claustro gótico levantino, con capiteles decorados con plantas como es habitual en otras construcciones cistercienses, y en él el lavabo, un templete en el que los monjes se lavaban antes de cada comida.

En la sobria sala capitular se encuentran varias tumbas. Es de destacar la bella portada de arcos y finas columnas que soportan las bóvedas de crucería.

El monasterio estuvo en uso hasta 1835. El cenobio quedó abandonado con la Desamortización de Mendizábal. Se convirtió en lugar romántico, destino de verano y lugar perfecto para curar los males con el aire del Moncayo. A finales de 1863, llegó Gustavo Adolfo Bécquer con su hermano a pasar una larga temporada.







































miércoles, 14 de julio de 2021

Como hemos cambiado


Hace unos días estuve en el Monasterio de Piedra. La ocasión de fechas y coincidencias resultó perfecta: Esos días era el aniversario de un acontecimiento familiar que celebramos allí.

El Monasterio estaba, comparándolo con el del acontecimiento, modernizado en algunas cosas, acceso, organización, etc. pero el resto estaba como siempre.

Si coges fotos, como en este caso, de hace 35 años te llama la atención a primera vista la ropa y estilo de los retratados, además si las fotos las realizaste tu mismo, notaras un cambio de estilo apabullante. 

Pero si vas más allá de esto, de la resolución o de los colores te encontrarás, en este caso, con un monasterio en todo su esplendor en ambos casos.

Por mucho que lo intentemos nunca llegaremos a acercarnos a las creaciones de la naturaleza, por eso hay que dejarnos inundar por la maravillosa belleza de esta, imaginando que nosotros tal vez logramos plasmar una parte muy pequeña de esta.

Una vez más, me dejé inundar de esos colores, por esas formas creadas por la naturaleza ayudada por el paso de los años, de los siglos, para intentar enseñarte a través de mi mirada lo que yo vi.


Recórrelo conmigo…